miércoles, marzo 29

La vida en Lima en el Siglo XIX

Después del desayuno qué consiste invariablemente en una taza de chocolate con pan, seguida de una abundante libación de agua fresca, la familia se dirige a misa; una esclava la sigue llevando alfombras sobre las que las damas se arrodillan durante el oficio, porque en las iglesias no hay sillas ni bancas. Después de misa se acostumbra ir en carruaje a los baños que se encuentran aproximadamente a un tercio de legua de la ciudad, y a los que se llega por una bella Alameda a lo largo de las riberas del Rímac. En verano se ven concurridos por una multitud de damas que permiten que los hombres les hablen en la puerta mientras que ellas disfrutan de los placeres del baño. 

Paisaje de luna desde el Puente de Piedra, Acuarela de J. Prendergast, 1885. Incluida en el álbum de M.A. Went.

Hacia mediodía, la familia se reúne la sala para atender a las visitas: si se trata de hombres se quitan el sombrero, y saludan por separado a cada miembro de la familia, y se sientan en los sofás que ocupan uno de los lados de la estancia; si se trata de mujeres, las damas se ponen de pie, y las besan. Durante la visita, las damas de la casa tienen delante una canasta de flores o de bombones, en forma de corazón y otras figuras análogas, que ofrecen a los visitantes; ellas y sus amigas se perfuman a profusión con agua de olor delante de todo el mundo. 

Hacia las 2 de la tarde los visitantes se despiden. Pronto suena la campana del almuerzo y las puertas de la casa se cierran. Entonces se ve a los esclavos correr a las pulperías para abastecerse de sal, mantequilla, especies y vinagre, no hay nada de ello en las casas y no se piensa nunca en proveerse hasta el momento en que se necesita.

Foto: Archivo BNP

El almuerzo está compuesto por una multitud de platillos y dos platos fuertes: el chupe (mezcla de pescado, huevos, queso y papas), la olla con garbanzo (llamado puchero en el Perú) qué consiste en carne de res y tocino cocidos juntos y servidos con arroz, coles, guisantes, camotes, y pepinillos, todo muy bien condimentado. Una vez terminado el almuerzo las damas se dirigen en carruaje a la Alameda donde dan una o dos vueltas y se ponen a un lado para observar a los paseantes o recibir los cumplidos de los caballeros que las abordan yendo y viniendo en sus bellos caballos de parada. Un poco después se dirigen al Puente para disfrutar de la frescura del aire del mar y del silencioso valle de Lima, limitado de un lado por el océano y del otro por la gigantesca Cordillera; efecto de lo más pintoresco en un claro de Luna en el Perú. Al regreso se detienen en la plaza para refrescarse; toman agua helada y comen frutas que les ofrecen negras correctamente vestidas. Es de buen tono platicar y reír allí durante una hora, y todo transcurre de la manera más decente.

Mientras que la familia se divierte en la ciudad, los domésticos también se divierten en la casa. Tocan la guitarra y el arpa. Bailan, cantan y juegan a la gallina ciega. Los negros de Lima son músicos por naturaleza; las negras cantan en grupo, con buen oído y con gusto. Son numerosos en cada casa y casi no tienen nada que hacer: los hombres se mantienen detrás de sus amas durante la comida, y las mujeres cosen. La forma en que los españoles tratan a sus esclavos honra su carácter, y contrasta fuertemente con la que los portugueses tratan en el Perú o en Buenos Aires, mientras que en Río de Janeiro y en todo el Brasil vi la espalda de los esclavos desgarrada por latigazos a la mínima falta.

Paseo en los jardines de la Alameda, J.M. Rugendas

Si la familia se queda por la tarde en casa para recibir a las visitas, se reúne exactamente como en la mañana, con una sola antorcha en una sala inmensa. Las cartas, el ajedrez, o la música, que requieren poco ejercicio, son las diversiones más comunes en Lima; a ellas se añade el espectáculo de la corrida de toros, para ello sólo se requiere estar tranquilamente sentado en el anfiteatro. El anfiteatro (plaza de toros) está situado en medio de la Alameda y a medio camino entre la ciudad y los baños. Es un gran Circo en cuyo centro se alza, a poca distancia unos de otros, fuertes postes, para proteger a los lidiadores contra la furia de los animales. La arena está rodeada de muros de barro, en los cuales se instalan palcos y bancas para las diferentes clases de espectadores, cuyo número puede ascender hasta 10,000. Durante la conquista del país esos juegos sangrientos rivalizaban en Lima con los que se celebraban en Sevilla, tan famosa por ello. Fueron abolidos por San Martín en 1822, antes lo fueron en Buenos Aires, en Rio de Janeiro y en Chile, por las diferentes administraciones de sus países; pero fueron restablecidos o al menos celebrados nuevamente con brillo, cuando vino Bolívar, quien los amaba con pasión. 

* Crónica de Alcide d´Orbigny, viajero francés del siglo XIX.

2 comentarios:

Richard Yovera dijo...

Excelente, tan mágico que al leerlo me iba transportando a ese mundo tan virginal que era la lima aseñorada.

Juan Acevedo dijo...

Solo me queda agradecer a Lima La Única por estas entregas, tan bien compuestas y que nos enseñan a querer a nuestra ciudad. Felicitaciones y larga vida.